Hablando con Pablo Robledo

El movimiento como superación y sanación

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Las montañas siempre han fascinado al hombre. En la época preincaica, los hombres y mujeres de aquella tierra de los Andes, eran guardianes de la sabiduría oculta que residía en las montañas vivientes, ellos honraban las presencias que habitaban dentro de aquellos montes sagrados “los Apus”. Los antiguos griegos creían que en ellas habitaban sus dioses, así como, los mesopotámicos construían templos y zigurats imitándolas. Son lugares majestuosos, donde los cimientos de la Tierra parecen querer tocar el cielo. Es por ello que la idílica localidad de San Martin de los Andes es afortunada por su cercanía a las montañas y posee una de las mejores pistas de esquí de Argentina, Cerro Chapelco. Es en este lugar donde vive Pablo Robledo, que abre las puertas a Universo y Realidad para contarnos a cerca de su inspiradora vida como monitor de discapacitados.

Pablo nació en Córdoba, pero casi toda su vida vivió en Neuquén por lo que siempre estuvo cerca de la nieve, hasta que comenzó a profundizar y descubrir la belleza que habita en ella. De muy joven tuvo un accidente de tráfico que supuso la pérdida física de su pierna, cambiando su existencia por completo. Pero, él siempre mantuvo su positividad y su deseo de vivir. “Yo tenía cierto sentimiento de rebeldía, de querer seguir adelante sin que esto me frenara, pero realmente fue algo que no pensé demasiado, lo hice por impulso. Levantarme al otro día y tener una actitud diferente, se reafirmó con el hacerlo cada día”. Por ejemplo, el hecho tan sencillo de hacer bromas sobre su pierna le hacía ver la situación desde otra óptica. “Me quedé con esa alegría, nada me impedía seguir riéndome. Eso fue algo que me marcó para siempre”.

La forma con la que miramos la vida es la que nos abre a nuevos caminos que, enlazan con nuestro propósito. Y Pablo Robledo irradia ese algo especial en su mirada, transmitiendo vida, pasión y libertad.  Esa actitud lo llevó a cumplir sus deseos, uno de ellos era aprender snowboard en Caviahue y más tarde esquí. Desde entonces nunca se separó de la nieve, lleva la pasión de ambos deportes como un timón en su vida. Actualmente trabaja en Cerro Chapelco dando clases a personas discapacitadas de todas las edades, para que también puedan disfrutar de este deporte, pero sobre todo para que sientan la vida, la esperanza y la conexión con el planeta. Autistas, personas en silla de ruedas, con parálisis cerebral, todos pueden. Pablo explica que sus alumnos tienen reveladoras sensaciones cuando se entregan a la magia de la nieve. Sienten el viento en el rostro, el deslizamiento, se mojan. “Para los chicos en silla de ruedas, el estar en la nieve les iguala a los que están de pie, todos tienen esquíes. Incluso lo hacen mejor, se deslizan más rápido que los otros. Eso les hace pensar que pueden obtener logros, que no hay obstáculos”.

Cuando estudió en Colorado, EEUU, realizó una encuesta que sacó a la luz que el 97% de las personas con discapacidad vieron mejorar su vida al practicar este deporte.

Su actividad con los alumnos es intensa, muy emocional y le permite ver los profundos cambios que se dan en la persona. “Su energía se transforma, florece, se ocultan los pensamientos que no llevan a cosas buenas. Por eso lo sigo haciendo y espero seguir haciéndolo por mucho tiempo.” A través de un proceso de integración y aprendizaje, cualquiera puede esquiar. Ya sea acompañado por otra persona por seguridad, solos, de pie o sentados, nada opaca su disfrute de la montaña. “Intentamos que esquíe todo el grupo familiar, cuando son chicos, o con sus novias/os o esposas/os cuando son mayores, porque es diferente al estar acompañados, se comparten momentos increíbles.”

Para algunas personas con discapacidad la vida es sufrimiento, pero cuando llegan a la pista y logran deslizarse sobre el manto blanco cambian su visión. “Vino un hombre con las piernas amputadas, sin animo para nada. Yo le dije que se sacara las prótesis y él no se lo podía creer. Cuando se deslizó unos metros, todo en él se fue transformando; su semblante, su sonrisa, su energía. A todo el que pasaba le contaba que era lo mejor que le había ocurrido.” Y es que el movimiento es sanación.

Pablo es infatigable, tiene muchos proyectos en mente, como organizar nuevos cursos de esquí de fondo para niños en el Club Neuquino de Ski. Le encantan los desafíos. “Amo el esquí de fondo, porque es un deporte que tiene mucho de cabeza dura en el sentido de buscar objetivos difíciles que requieren mucho trabajo, planificación y ser muy prolijo. Me gusta atacar objetivos difíciles.” En 2014, representó a la Argentina en los Juegos Paralímpicos de Sochi (Rusia) y le encanta la competición, pero entendida de otra forma. “Disfruto mucho el entrenamiento, tener un objetivo. Requiere mucho trabajo y disciplina” Eso lo lleva a ser muy perfeccionista en sus entrenamientos, pero también en lo que respecta a su prótesis, a la que hace continuas modificaciones para mejorar su desempeño.

“En Chapelco se viven muchas experiencias que llenan el alma”.  Actualmente, a sus 42 años intenta no viajar tanto y estar más tiempo en la cordillera, en su casa, iniciar una vida menos “errante” como él describe. Su actividad de acompañar a otros seres humanos en las pistas de esquí, supone una devolución de todo lo que aprendió y a todos los que a lo largo de su vida le ayudaron. Nos cuenta que a lo largo de su trayectoria aprendió a llevar una relación de respeto hacia la montaña, lugar de plenitud, pero también de peligros como son las avalanchas, en el que hay que ser precavido. “Cuando entro al bosque o al lago, pido permiso”.

Dentro de poco comienza el Campeonato de Juegos Argentinos de Invierno, en el que participan todas las provincias con nieve. Pablo fue invitado y representará a Neuquén con las ganas y fuerza de siempre. Su impulso vital parece inextinguible y su deseo de seguir adelante nunca se ha detenido, buscando disfrutar del deporte y transmitírselo a los demás. Por eso, tres o cuatro veces por semana se va con sus amigos a las cumbres nevadas, se pone los esquíes y se deja en manos del viento para “volar”.

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