Joachim Patinir, el pionero

Paisajista belga

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Poco conocido en la actualidad, sin duda fue una de esas personas que marcaron la pintura. Fue el primer paisajista a partir del cual este género se asentó definitivamente. Sus cuadros están llenos de metáforas, simbolismos y cierto aire de misterio que lo vuelve muy interesante.

A finales del siglo XV y principios del XVI el Renacimiento se consolida en Europa. El retorno a lo clásico, el protagonismo del hombre como centro de todas las cosas (antropocentrismo), la consolidación del pensamiento individualista frente al teocentrismo de épocas anteriores, la influencia de los nuevos descubrimientos geográficos,… todos estos elementos constituyen una nueva época y un nuevo pensamiento, en el que las artes alcanzan enorme brillantez. Gracias al comercio, los principales focos de poder económico se encuentran en los Países Bajos e Italia, donde prosperan los talleres de artistas al servicio de los nobles, la Iglesia y los nuevos ricos.

Paisaje con San Jerónimo, 1515-1519 – Museo del Prado

En lo que actualmente es Bélgica existían poderosas ciudades dedicadas al comercio, como Gante y Amberes. En ellas descollaban pintores como El Bosco, Brueghel y el alemán Durero, un gran ejemplo del humanismo en pintura. En medio de este contexto estuvo Joachim Patinir. De la primera etapa de su vida no se sabe nada, hasta su aparición en la cofradía de pintores de Amberes en 1515. Se considera que nació en Dinant o Bouvignes hacia 1480, en plena campiña de Valonia. Allí el paisaje está caracterizado por las colinas boscosas de las Ardenas, farallones de roca y los suaves valles del río Mosa, algo que el pintor siempre llevaría muy grabado en su mente.

Poco a poco Patinir se fue haciendo conocido, se casó, tuvo dos hijas y estuvo en contacto con otros grandes de la época como Durero, con el que mantuvo amistad y camaradería. Actualmente se conservan menos de 30 cuadros, la mayoría sin firmar pero que se le atribuyen por el estilo y la forma. Su pintura destaca por un elemento: fue el primer paisajista. Se conocen paisajes de épocas anteriores, sin embargo este género de cuadros se consolida gracias a él y se mantendrá hasta la actualidad. La pintura holandesa ya venía dándole importancia al escenario natural, pintado minuciosamente siguiendo la tradición miniaturista medieval, lo que se conoce como visión telescópica. Además, se preocuparon por desarrollar la perspectiva aérea, una ilusión de profundidad para un espacio abierto.

Durero lo describía en sus memorias como “el buen pintor de paisajes”. Fueron muy amigos, se prestaban pinturas e intercambiaban ayudantes.

Pero es sin duda Patinir el que logra convertir al paisaje en protagonista de sus composiciones, relegando a la figura humana a un papel secundario. Antes de él solo eran decorados, escenas lejanas que se vislumbraban a través de alguna ventana abierta. Ríos sinuosos, lagos, valles verdes, colinas boscosas, árboles frondosos, todos esos elementos aparecen con gran minuciosidad en sus obras, con cierto aire de fantasía. Sus cuadros parecen ventanales abiertos a la naturaleza, algo que empezaba a gustar mucho a los compradores holandeses y que exigían a los pintores.  El elemento de las rocas, es muy importante en todas sus composiciones, siendo casi siempre las mismas, recuerdo de su lugar natal en Valonia. Seguramente se basó en los promontorios Roche Bayard y la Roche-a-Chandelle de Dinant, omnipresentes en los cuadros, como símbolo de misterio y de los caprichos de la naturaleza.

Caronte cruzando la laguna Estigia (h. 1520-1524) Museo del Prado.

El tema de la perspectiva también estuvo muy presente en la mente de este pintor. Sus obras muestran grandes extensiones de terreno, así que desarrolla una transición entre los objetos más cercanos y pintados en tonos más ocres, mientras que los más lejanos adquieren colores verdosos y azulados, concluyendo en el horizonte y un cielo blanco. Los objetos ya sean barcos o casas siempre están de frente y los vemos desde arriba. Todos los elementos de la naturaleza tienen una dimensión divina para este pintor, por ello las representa con mucho detalle y también como metáforas de Dios omnipresente. A pesar del protagonismo del paisaje, cada uno de sus cuadros es el escenario para alguna escena religiosa que se quiere trasmitir.

Entre sus obras están San Jerónimo, Huida a EgiptoCaronte cruzando la Laguna Estigia. Patinir tuvo bastante éxito y pronto aparecen numerosos paisajistas. La idea de basar una carrera pictórica en representar solo escenas de la naturaleza fue idea suya y marcó el inicio de una nueva época. Amberes era un mercado profundamente competitivo, y él logró crear una marca de identidad que le diferenció del resto. Minucioso, exquisito en detalles, con gran simbolismo, muchos se sienten conmovidos por las profundas emociones que transmiten sus cuadros que nos acercan a épocas posteriores e incluso tienen reminiscencias de lo que será el Romanticismo del siglo XIX.

Paisaje con escena de caza, Patinir, 1530. Museo de Arte e Historia. Ginebra

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