La liberación del dolor

Un Misterio a Transformar

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El dolor es capaz de producir el deterioro más grande en la personalidad humana y vulnerar uno de los derechos más importantes, el de vivir en perfecto equilibrio y armonía.

En los pueblos primitivos, cuando el dolor en el individuo era de origen interno, tenía una connotación sobrenatural, o de tipo supersticioso; ellos colocaban anillos en la nariz y en las orejas, o bien talismanes, amuletos o patas de tigre a su alrededor. Casi siempre apelaban al jefe de la comunidad – que era mujer – quien actuaba como sacerdotisa y hechicera al mismo tiempo, iniciando un ritual de conjuros y cantos,  e incluso en algunas ocasiones absorbía el espíritu de la herida para alejarlo del enfermo. En la Edad de Piedra, se esperaba encontrar la causa del dolor en el misterioso vuelo de los espíritus, los cuales con su influjo enfermaban el cuerpo y así lograban penetrar en él. Por ello el tratamiento se enfocaba hacia lo extra corporal. Incluso llegaban a creer que un dolor de dientes era causado por un gusano que los quemaba.

Papiro de Edwin Smith

El papiro de Edwin Smith es un tratado médico egipcio que data del siglo XVII a.C y a través de él se puede vislumbrar al primer médico (cuya identidad desconocemos) que buscaba los misterios del cuerpo humano. Se describen casos específicos y concretos que indican conclusiones racionales basados en la ciencia de aquel entonces; se cree que el autor es Imhotep, pero el carácter empírico del pergamino no concuerda con lo místico de este erudito egipcio. Imhotep representaba el arquetipo de polimatía, es decir, la sabiduría que abarca distintas disciplinas; fue médico, erudito, astrónomo, arquitecto (construyó la famosa pirámide escalonada de Saqqara) entre el 2690 – 2610 a. C. En su faceta médica Imhotep ignoró al cerebro como órgano vital y puso énfasis en el corazón y sus vasos “Metu” que consideraba “el soplo de vida”.

El Rig Veda (el texto más antiguo de la India, fechado entre el 1700 y el 1100 a. C.) describe cientos de remedios originados en minerales, plantas y animales entre los que se encontraban anestésicos y analgésicos. Al Rey Indra (señor del cielo) se le atribuían gran parte de los conocimientos que se tenían hasta ese momento y con respecto al dolor afirmaba: “nacimiento es dolor, decaimiento es dolor, enfermedad es dolor, muerte es dolor”. Durante la Edad Media no existían los medios para librarse del dolor por lo tanto sacaban el máximo partido de esa limitación suponiendo que Dios quería que sufrieran. Por ende, soportaban el dolor que hiciera falta y de forma estoica, sin quejas ni esfuerzos de evasión, por parte de la inmensa mayoría.

Ya en el siglo XIX, el pueblo estaba totalmente en desacuerdo con evitar el dolor, y para variar se sumaron las autoridades religiosas, que no dejaban de citar el Génesis y el castigo divino hacia la mujer de “parirás a tus hijos con dolor”. Y así llegamos al caso de la reina Victoria de Gran Bretaña quien pensó que las mujeres lograrían dar a luz sin dolor a partir de su propia experiencia, ya que cuando ella iba a dar a luz a su octavo hijo (Leopoldo) le dispusieron pequeñas dosis de cloroformo, provocando un parto sin dolor. Así como también sucedió con su novena hija, la princesa Beatriz.

El 64,8% de la población tiene algún tipo de cefalea. El 64% tiene dolor lumbar en profesiones que acarrean llevar pesos, un 52% en los sedentarios.

Lo cierto es que a lo largo de la Historia, el ser humano no entabló la lucha contra el dolor con el mismo entusiasmo con que lo hace hoy. Pero hay otro tipo de dolores, que son invisibles que socavan lo más profundo de la existencia humana y que urgen transformarlos, algunos los llaman los dolores del alma, otros la ausencia del espíritu o de la fe. Hoy en día, la humanidad está necesitando ser comprendida y sobre todo reconocida como entidad sagrada. Son muchos los años que la sociedad moderna ha estado basada en la ignorancia de las verdaderas necesidades del individuo y ese destierro álmico es el que ha minado poco a poco a aquellas conciencias frágiles que sienten la no pertenencia a este mundo difuso.

Hoy escribimos acerca del dolor como forma de cuadro sinóptico, donde poder ver reflejados aspectos que para la humanidad han sido complejos y que a su vez se les ha dado – desde los tiempos inmemorables –  una connotación divina, buscando su origen, su enfermedad o incluso su cura. Más tarde toda esa estructura deificada, ha sido relegada al mundo de la razón, dejando aquellas inquietudes humanas al raciocinio del hombre instruido, del hombre encarnado, que al fin y al cabo es un humano como tú y como yo.

El dolor de hoy puede transformarse de forma radical en cada corazón humano. Las respuestas están muy cerca, porque dentro de cada individuo existe una ilusión y una chispa de querer hacer lo que siempre soñó; porque en las entrañas de cada ser humano hay una voz interior que escuchar y no acallar. En lo profundo de cada hombre y mujer existe una esfera sagrada.  Solo hay que dejarla fluir como la savia de un árbol, porque la humanidad percibe que todo lo que nos contaron está lleno de interrogantes, de vacíos en la historia y que tal vez hoy sea un buen día para crear una realidad a tu medida.

Solo tú gobiernas tu existencia, solo tú puedes decidir cuál es tu felicidad. Te aseguro que, si comienzas a transformar pequeñas cosas cotidianas en aquellas que te hacen sentir bien, podrás se testigo de que el dolor se va calmando, hasta que un día, un buen día, todo tu Ser se colmará de esperanza y de plenitud y sentirás que todo aquello formó parte de una ilusión lejana. La única receta verdadera está en tus manos. Date la oportunidad de ser feliz y libérate del dolor de no ser quien eres.

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