Alejandría, la ciudad de la luz

Famosa por su faro y biblioteca

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En las llanas costas del Mediterráneo egipcio se levantó una de las ciudades más prósperas e importantes de la Antigüedad. Fundada por Alejandro Magno, creció rápidamente en torno a sus dos puertos y pronto se la dotó de una sobresaliente infraestructura. En ella destacaban los palacios, jardines, la Biblioteca que reunía todo el saber de la época, teatros y universidades. Esta ciudad iluminaba con su intelectualidad a toda la cuenca mediterránea y también literalmente, pues en ella se encontraba el famoso Pharo, una de las 7 maravillas de la época.

Biblioteca de Alejandria

Después de librar a los egipcios del yugo de los persas, Alejandro decidió fundar una ciudad cerca del Delta del Nilo. Su biógrafo Plutarco cuenta que Alejandro tuvo un sueño en el que un anciano de pelo blanco le señalaba la localización estratégica de una isla, junto a la costa. Al despertar, fue a la isla y ordenó que se levantara una ciudad en torno a ella, a la que llamó Alejandría en su honor, al igual que otras muchas Alejandrias que fue levantando en su marcha triunfal hacia Oriente, como forma de asegurar el control griego. Tras la muerte del gran conquistador macedonio y el reparto entre sus generales del imperio, la dinastía ptolemaica se hizo con el control de Egipto e instauró la capital en esta ciudad.

Faro de Alejandría

La urbe contaba con gran opulencia y lujo. Las calles fueron trazadas para que fueran anchas y rectas, poseían suministro de agua por cañerías. Los ptolemaicos levantaron un espléndido palacio de mármol, con grandes jardines y estatuas y junto a él se encontraba lo que denominaban el “Museo”. Eran una serie de edificios también de mármol, con una enorme biblioteca y un templo en honor al dios Serapis, dios símbolo de la unión greco-egipcia. Es aquí donde se concentraba el saber de la época, los cartógrafos, filósofos, astrónomos e innumerables eruditos que discutían sobre la hechura del mundo y escrutaban las estrellas buscando respuestas. Funcionaba también como universidad y en ella podía haber hasta 14.000 estudiantes.

Más allá de la luz intelectual que irradiaba esta gran ciudad, estaba dedicada al comercio y la administración. Poseía dos grandes puertos adonde llegaban y salían muchas mercancías desde y hacia lugares de todo el mundo. Para guiar a los marineros en esta costa plana y sin casi referencias, se decidió construir una alta torre de bloques vidriados sobre la cual siempre había un fuego encendido.  Por la mañana, un espejo reflejaba la luz del sol y servía de señal diurna. Fue levantada por el arquitecto Sóstrato de Cnido. Su nombre pharos, será el que se usará a partir de entonces para designar a estas edificaciones. Esta construcción era admirada por gentes de muchas culturas y se consideró una de las grandes maravillas del mundo antiguo.

Alejandria moderna, Egipto

Los siglos pasaron y la ciudad fue cambiando de manos con los avatares de la Historia. En ella tuvo lugar el novelesco amorío entre Marco Antonio y la reina Cleopatra. Romanos, cristianos, musulmanes se apoderaron de la urbe. La biblioteca fue devastada por incendios y coptos fanáticos, los palacios arrumbados y el faro acabó destruido por un terremoto. Sin embargo, Alejandría continúa brillando en la costa egipcia como ciudad próspera y cosmopolita, donde habitan muchas gentes de diversos lugares y famosa por sus ricos museos de antigüedades. El sueño de Alejandro Magno de crear una ciudad eterna no pudo tener más éxito.

 

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