Sorpresa en las estrellas

¿Una superestructura de una Civilización extra?

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En 2015 los científicos estaban muy sorprendidos. En septiembre de ese año se hicieron públicos unos extraños descubrimientos referentes a una estrella de la lejana constelación del Cisne (Cygnus). El telescopio Kepler había detectado cambios en el brillo de KIC 8462852. Eso indicaba que algo expansivo la estaba tapando de forma intermitente, algo de tamaño inmenso, aproximadamente la mitad del ancho de la propia estrella. Aquello generó intensos debates en la comunidad científica para intentar explicar estas anomalías. Que la estrella estaba devorando un planeta cercano, el paso de un cometa por delante del astro, cambios en su campo magnético. Una de las teorías aseguraba que en torno a la estrella una civilización estelar había construido una superestructura para aprovechar su energía o  para enviar señales cósmicas.

Constelación del Cisne

Incluso los más reacios a aceptar la existencia de vida extraterrestre tuvieron que incluir esta posibilidad. Mientras tanto, el enigma sigue irresuelto. Y continuará por lo menos hasta el 2019, cuando se ponga en marcha la sonda europea Gaia, capaz de calcular la distancia exacta de la estrella y acabar con las teorías sobre si la luz intermitente es fruto del choque con un planeta. Para la NASA la respuesta más probable es la presencia de un grupo de cometas en torno a la estrella. También se plantea la existencia de un enjambre de meteoritos de grandes dimensiones que oculta la luz.

KIC 8462852, también llamada Boyajian por la profesora Tabetha Boyajian que lleva años estudiándola, se encuentra a 1,4 millones de años luz. El astrónomo Bradley Schaefer llegó a la conclusión de que la estrella se había oscurecido un 15% en el último siglo. Parece que la misma se encuentra perdiendo potencia y cada vez a mayor velocidad, algo muy extraño en un astro de mediana edad como este. Los astrónomos ya han detectado cambios en el brillo de otras estrellas, pero debido a que son muy viejas y acaban muriendo. Nunca algo así. Durante el 2017 también se han detectado fuertes caídas de la luminosidad, que generan aun más extrañeza.

Es por ello, que se admite la posibilidad de la existencia de una superestructura en torno a la misma. Esta teoría ya había sido planteada por el físico Freeman Dyson en 1960 que aseguró que una vida inteligente extraterrestre construiría una esfera o anillos en torno a su estrella para aprovechar su energía (esferas de Dyson). Por ello, la búsqueda de vida cósmica debía centrarse en localizar estas construcciones estelares. Siguiendo esta idea, en 1964 el astrofísico Nikolai Kardashov clasificó las civilizaciones estelares en tres grupos: la primera con capacidad solo de aprovechar los recursos energéticos de su planeta; la segunda ya sería capaz de utilizar los de su estrella y su sistema planetario; y la tercera los de la galaxia. Jason Wright, de la Universidad de Pensilvania considera que hay una superestructura compuesta de paneles solares que orbitan a diferentes velocidades y distancias en torno a KIC 8462852.

La constelación del Cisne recibe ese nombre en honor al animal con el que el dios Zeus se disfrazó para enamorar a Leda, una mortal. De la unión de ambos nacieron los hermanos semidioses Castor y Polux.

Sea como sea, el programa SETI se ha interesado especialmente por este dilema. Las 42 antenas del Allen Telescope Array en Nuevo México (donde se grabó la película Contacto, sobre una posible comunicación con extraterrestres) se encuentran analizando y monitoreando a la estrella del Cisne para detectar posibles señales que provengan de allí. Se intenta obtener registro de posibles estelas de microondas y propulsores dejadas por hipotéticas naves estelares o también transmisiones de radio y otras formas de comunicación, por ahora sin resultados. Otra posibilidad que también se tiene en cuenta es la de que la superestructura sirva para comunicarse con otras galaxias, a través precisamente del cambio de brillo del astro. Teoría ya planteada en 2005 por el científico Luc Arnold, que lo asemejaba a un código morse interestelar.

En los próximos años con la aparición de nuevas y más precisas herramientas y sondas espaciales se podrá alcanzar la respuesta a estos interrogantes. Lo extraño en esta situación es que los científicos no puedan explicar algo así, después de tantos años de estudios. Es “desconcertante y a la vez increíble” como aseguraba la astrofísica Boyajian. Y lo más extraordinario es que hasta los más conservadores se hayan visto obligados a por lo menos incluir esta posibilidad en la lista de lo posible. Creer que este inmenso e infinito firmamento esté vacío y desprovisto de vida, es sin duda, una idea más increíble que la que exista vida en otros planetas.

Por muchas vueltas que den los científicos en intentar mostrar otra forma de vida en el inmenso cosmos, la existencia anida en cada partícula, en cada astro, constelación o molécula que hay en el firmamento. Quizás en otras dimensiones diferentes a la nuestra y posiblemente sería conveniente crear un telescopio multidimensional para poder hallarlos.

 

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