Proyectos visionarios

Arquitectos utópicos

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En el siglo XVIII la Ilustración prendió en Europa. Los intelectuales le daban primacía al poder infinito de la razón humana, capaz de solucionar los grandes problemas de la Humanidad. En las tertulias de las clases altas se reunían los eruditos para discutir los problemas del mundo y ofrecer soluciones desde la “luz de la razón”. Después de siglos de escaso avance en la ciencia, la política o la economía empiezan a discutirse los postulados cristianos y a buscarse nuevas explicaciones menos espirituales a los fenómenos naturales y sociales. Comienza una inmensa obra para darle un nuevo enfoque a todas las disciplinas, desde la psicología a la biología, bajo la influencia de la Ilustración.

Y esa reformulación de los conceptos alcanza también a la arquitectura. Los que más lejos llegaron fueron los llamados “visionarios”, artistas revolucionarios, utópicos al extremo. En sus escritos y proyectos plantearon una nueva concepción de esta disciplina. Las nuevas propuestas tuvieron una fría acogida entre los constructores, que los consideraban excesivos y caros. A medida que resultaba evidente que estas obras no se construirían, los proyectos que planteaban se iban haciendo más visionarios y oníricos. Edificios monumentales de dimensiones extravagantes, con formas arriesgadas y extrañas para la mentalidad de la época. Rupturistas e imaginativos, no fueron entendidos en su época. Mentes que se adelantaron a su tiempo y que se dejaron llevar por la posibilidad de que no haya límites.

¿Pero cuáles son estos arquitectos utópicos? Por ejemplo, el francés Etienne-Louis Boullée (1728-1799) un arquitecto que logró llevar a cabo pocos edificios, pero que dejó una muy interesante colección de grabados y proyectos que nunca se construyeron. Profesor universitario, era partidario de levantar edificios enormes, con poca decoración y en los que la geometría era lo más importante. Fue muy criticado en la época por sus contemporáneos. Uno de sus grandes proyectos era el Cenotafio en honor a Isaac Newton con una forma esférica semienterrada, símbolo de la perfección y cubierta de cipreses, que fue una revelación para su época y un ejemplo visionario. O el proyecto de biblioteca con una impresionante bóveda, mucha luz natural y cientos de columnas, que recuerda a las actuales estaciones de trenes.

Oh Newton, que gracias a la extensión de tu sabiduría y a tu genio sublime has determinado la forma de la Tierra; yo he concebido la idea de envolverte en tu propio descubrimiento.

E. L. Boullée

Casa proyectada por Ledoux

Otro caso fue el de Claude Nicolás Ledoux (1736-1806), un arquitecto francés protegido de la amante del rey Luis XV. Logró llevar a cabo varias construcciones, entre las cuales están las aduanas en París para recaudar impuestos, lo que hizo que fuera odiado por sus contemporáneos. Con el estallido de la Revolución Francesa en 1789 fue detenido y acusado de “no aplaudir lo suficiente la ejecución de los reyes”. Pero finalmente fue liberado, dedicándose a escribir y dibujar sus proyectos arquitectónicos, que eran cada vez más fantásticos, soñadores y  arriesgados. Fue un pionero que predijo la arquitectura del siglo XX y marcó el camino para las futuras vanguardias. Planteó edificios circulares, viviendas semejantes a ruedas.

Vivienda planteada por Ledoux

El ejemplo de estos visionarios del siglo XVIII influenció también a otros intelectuales del siglo XIX, preocupados por la degradación urbana y partidarios del colectivismo socialista. Es el caso de Charles Fourier, que ideó el falansterio, un gran edificio donde podrían vivir y trabajar 1600 personas, con zonas de viviendas, trabajo y servicios comunes. Etienne Cabet o Robert Owen, también plantearon nuevas formas de concebir las ciudades y las edificaciones. Sin embargo, sus proyectos nunca se llevaron a cabo.

Posteriormente, la arquitectura monumental y arriesgada fue recuperada y llevada al extremo por varios constructores de las dictaduras del siglo XX. Para agradar a Hitler o Stalin, se plantearon varios proyectos descomunales. Es el caso del Gran Palacio de Berlín, un colosal edificio desarrollado por el arquitecto Albert Speer con una inmensa cúpula que recuerda a la de los templos grecorromanos. En Moscú, los delirios stalinistas llevaron a planificar la construcción del llamado Palacio de los Soviets, un monumento al estado socialista, que iba a ser el edificio más alto del mundo con 415 metros. En lo alto estaría coronado por una gigantesca estatua del dictador de 100 metros. Sin embargo, ninguna de estas ideas se llevó a cabo.

La capacidad del hombre y su mente no tiene limites, aunque en muchas ocasiones no sean entendidas por los que nos rodean.

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