Mundos lunares

Los satélites de nuestro Sistema Solar

0 418

Lejanos, enigmáticos, tan diferentes unos de otros. Estos objetos giran en torno a los planetas del Sistema Solar, atraídos por su gravedad, en eterna observación y monitoreo. Hay muchos y cada vez se descubren más, con diversos tamaños y características: desde mundos helados como Encélado hasta el caso de Titán, el satélite de Saturno con lagos de amoniaco. Inhóspitos, con temperaturas extremas, o también lugares con posibilidad de albergar vida y fuentes de agua líquida. Algunos son simples rocas y fragmentos de meteoro que orbitan con desgana. Tienen nombres de seres y monstruos mitológicos o de personajes de novelas inglesas. ¿Cómo son estos extraños objetos que giran en torno a los grandes planetas?

El pequeño satélite Nix

Ya los astrónomos del mundo antiguo los habían vislumbrado y en los siguientes siglos se fueron clasificando y otorgando sus nombres. La mayoría hacen referencia a personajes mitológicos, del mundo griego. Es el caso de Ganímedes, el travieso copero del padre de los dioses, Zeus; Europa, la mujer raptada por el mismo dios que se transformó en toro; Tetis o Hiperión, nombres de los monstruosos titanes que los dioses del Olimpo encerraron para evitar el caos; Caronte, el barquero que llevaba a los muertos a través de la Laguna Estigia hacia el inframundo; o Tritón y Nereida, criaturas que vivían en los mares al servicio del dios Neptuno, en su palacio bajo las aguas. Los que rompen este esquema son los satélites de Urano, que tienen nombres de los personajes de obras de Alexander Pope y Shakespeare, como Puck, Miranda o Umbriel.

Encélado

Todos los planetas de nuestro sistema tienen lunas, excepto Mercurio y Venus. Los 6 planetas restantes tienen en total 178 objetos satelitales y se espera descubrir más. Muchos son simples fragmentos rocosos, resultado del nacimiento del Sistema Solar, mientras que otros poseen atmósfera y gravedad propia. Los científicos los han clasificado en varios grupos. Los pastorales, por ejemplo, contribuyen a la estabilidad de los anillos de algunos planetas como Urano o Saturno; los coorbitales, aquellos que giran en una misma órbita; o los asteroidales, que giran en torno a un asteroide. Esto nos lleva a la pregunta de si hay satélites que giran atraídos por la gravedad de otro satélite, cosa que aún no se ha podido asegurar en ninguno de los que conocemos. Más allá de Plutón se han encontrado diversos objetos con extrañas órbitas, a grandes distancias de la Tierra.

¿Cómo son estos satélites? Sus tamaños son muy diversos. Los más grandes son Ganímedes y Titán, mientras que los más chicos son por ejemplo Nix, que orbita a Plutón, con 3 km de ancho y 42 de largo. Su nombre hace referencia a la diosa griega de la oscuridad. La mayoría tienen una superficie cubierta de cráteres, con temperaturas extremas, sometidas a las condiciones de espacio. Es el caso de Calisto, sin actividad tectónica y una finísima atmósfera. Otros como Ío, el cuerpo más activo geológicamente del Sistema Solar, con más de 400 volcanes activos y grandes cadenas montañosas. Pero algunos de ellos han llamado la atención por poseer hielo y agua en su superficie.

Superficie helada de Europa

Es el caso de Europa, satélite joviano, con una superficie de hielo de agua y una atmósfera en la que está presente el oxígeno. Esta corteza tan lisa y casi sin cráteres ha hecho pensar que bajo ella hay agua en estado líquido. Además, en 2013 se descubrieron plumas de vapor de agua parecidos a géiseres, que se activan cuando el satélite se acerca a Júpiter. Otro de sus muchos datos interesantes están en sus vetas oscuras o estrías que recorren su superficie, semejantes a grietas en el agua congelada. Se ha propuesto que en ella habría vida, semejante a la que existe en las profundidades del lago Vostok en Antártida, con pequeños microorganismos. Otro satélite muy parecido es Encélado, con una superficie también helada y una gran cantidad de plumas que expulsan hielo y material solido a la atmósfera. En 2014, la NASA anunció el descubrimiento de una gran masa de agua líquida a unos 40 km de profundidad, en el hemisferio sur de esta luna saturnina.

Lagos de metano en Titán

El otro objeto que también ha llamado la atención de la comunidad científica es Titán. Descubierto en el siglo XVII, fue investigada en 2005 por la sonda Huygens, que llegó a posarse en su superficie. Una neblina anaranjada cubre este lejano mundo, con la atmósfera más densa de la que se tiene constancia en un satélite, compuesta sobre todo por nitrógeno. En su superficie llaman la atención sus lagos de etano y metano, hidrocarburos líquidos que forman nubes y ocasionalmente precipitaciones de metano, con temperaturas en torno a los -170 °C. Su densa atmósfera ha impedido que se pueda observar bien su superficie, pero se han llegado a vislumbrar valles, crestas e incluso una formación continental que recibe el nombre de Xanadú. Diversos estudios han descubierto que en su zona ecuatorial hay una región de dunas, con partículas del tamaño de granos de café y estructuras que parecieran ser cráteres, pero que no han podido ser analizadas en profundidad.

Y no podemos olvidarnos de la Luna que órbita nuestro planeta, mostrándonos siempre la misma cara. Su influencia en la Tierra es constante, como demuestran por ejemplo las mareas, o también en los aspectos humanos como la cultura, la mitología o los calendarios. En 1968 se convertía en el primer cuerpo celeste donde el hombre realizaba un descenso tripulado. Sea como sea, los satélites que vagan por nuestro extenso sistema solar no dejan de generar interés y curiosidad, mundos encadenados eternamente a sus planetas regentes. El origen de la palabra (satelles) no puede ser más explicativo: así se designaba a los soldados que acompañaban la corte del rey, en este caso los planetas que gobiernan a sus súbditos estelares.

You might also like More from author

Comments

Loading...