Belisario y el emperador

Las dos caras de una misma moneda

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Ambos son recordados con honor, grandes figuras que con su estrategia y buen gobierno llevaron al Imperio de Oriente a su mayor brillantez. Aún hoy el emperador Justiniano I es adorado por la iglesia ortodoxa. Uno militar y otro gobernante, lograron unificar sus objetivos y salir victoriosos de todos los golpes del destino. ¿Cuáles son las hazañas que consiguieron juntos?

En ocasiones, a lo largo de la Historia, dos personas unen sus fuerzas para realizar grandes obras en conjunto. Personas que parecen estar destinadas a encontrarse, aliarse y entenderse. Un caso muy evidente es el del emperador bizantino Justiniano I, gran gobernante reformista y Belisario, un genio militar, que lograron llevar al imperio de Oriente a su apogeo. Aunque entre ellos hubo diferencias, ambos consiguieron pasar a la eternidad por su alianza estratégica para alcanzar la gloria.

El poderoso Imperio Romano era algo lejano en el siglo VI. Las invasiones germánicas y la expansión del cristianismo habían acabado por destruir las bases de esta gran entidad política, que había llegado a dominar la mayor parte del mundo conocido de entonces. La anarquía y el desorden convencieron a los emperadores de la necesidad de dividir al monumental imperio en dos, para intentar una mejor organización. Pero, mientras que el de Occidente se desmoronó y se dividió en pequeños señoríos, el de Oriente con capital en Constantinopla logró resistir.

Belisario (posiblemente el segundo por la izquierda) y Justiniano I en el centro

En el 527, llega al poder un joven y ambicioso emperador, Justiniano I, que la Historia conocería como el Grande. Uno de sus antecesores, el emperador Anastasio, había dejado las arcas imperiales llenas de dinero gracias a sus políticas de austeridad, lo que permitió a Justiniano soñar a sus anchas. Decidió nombrar a uno de los guardias de su padre para liderar los ejércitos bizantinos, un joven cuyo origen no se conoce pero que pudiera ser griego: Belisario. Rápidamente tuvo que hacerse con el control de las huestes militares y hacer frente a una invasión por el este, de los persas sasánidas, siempre deseosos de conquistar a los bizantinos. Demostrando una gran capacidad e ingenio, Belisario pudo frenar las invasiones orientales con ejércitos mucho menores al de los enemigos entre las dunas y el mítico Éufrates. Sus sufridas victorias permitieron a Justiniano negociar una paz con los orientales, la llamada “Paz Eterna” a cambio de altos tributos.

Esto obligó al emperador a aumentar los impuestos lo que generó mucho descontento social. En un contexto enrarecido de facciones políticas y religiosas enfrentadas, se celebró una carrera de caballos en el Hipódromo de la capital. Lo que empezó como una pelea entre hinchas de dos equipos, estalló hasta convertirse en disturbios descontrolados y un asalto al Palacio. Justiniano, a punto estuvo de abandonar el poder, solo su mujer Teodosia pudo calmarlo y convencerlo de esperar. Finalmente, Belisario llegó y con la excusa de negociar rodeó a los sublevados y los masacró con sus hombres. Letal pero efectivo, Justiniano se postró ante el genio del militar.

Conquistas de Belisario (en naranja)

Calmado el frente oriental, Belisario fue enviado al oeste, en manos de los reyezuelos germanos. En una victoria tras otra, el general logró expandir el imperio recuperando territorios. Se enfrentó a los vándalos de las ásperas costas de Túnez y Argelia derrotándolos. Luego se internó en las comarcas hispanas creando la provincia de Spania para volverse hacia Italia en manos de los bárbaros ostrogodos. Nápoles, Roma, Milán… una tras otra fueron cayendo en manos de Belisario, hasta llegar a Rávena donde se escondía el soberano enemigo. Desesperados, los germanos le ofrecieron el trono imperial de Occidente a Belisario, quien fingió aceptar y logró tomar la ciudad y capturar al rey ostrogodo.

Aquella maniobra provocó temores en el Palacio de Constatinopla. Justiniano veía con recelos el creciente poder de Belisario y aconsejado por su calculadora esposa, decidió relevarlo de su cargo. El general humillado, se retiró de Italia y abandonó las armas. Pero, una invasión húngara por el norte obligó al emperador a tragarse su orgullo y rogarle que volviese a tomar la espada. Belisario nuevamente obtuvo una resonante victoria, derrotando a los invasores. El agradecimiento de Constantinopla fue descarnado: acusado de corrupción, declarado culpable y encarcelado. En deuda con él, Justiniano intervino y liberó al general, restaurándole su honor. Poco después, en el 565 Belisario moría y en una broma del destino, Justiniano también con pocas semanas de diferencia. A sus espaldas, ambos líderes dejaron al imperio bizantino con el doble de territorios.

Hagia Sofia en la actualidad

Conocido por su política expansiva, el emperador Justiniano hizo grandes obras que lo llevaron a la inmortalidad. La revuelta del Hipódromo, conocida como rebelión de Niké, había supuesto el incendio de la basílica de Santa Sofía, por lo que el emperador decidió restaurarla y aún hoy sobresale en la Estambul turca. En ella, el arte bizantino, mezcla esencial de las influencias occidentales y orientales, alcanza su mayor brillantez, con sus descomunales cúpulas y bellos mosaicos. Además, dotó de agua corriente a la ciudad mediante un sistema de alcantarillado. Otra obra fundamental de Justiniano fue el llamado Cuerpo de Derecho Civil, una obra monumental que supuso la revisión y codificación de toda la jurisprudencia romana, piedra fundamental de los sistemas jurídicos modernos.

Tras la muerte de Justiniano, el Imperio Bizantino entró en una larga decadencia, devorado por las luchas religiosas entre diversas corrientes (monofisistas, nestoristas, monotelistas) y el conflicto con Roma, que darán origen a la iglesia oriental u ortodoxa. Pero sobre todo, se vio afectada por la expansión del islam, surgido en la península Arábiga en el siglo VII y que pronto tomó la forma de los poderosos califatos omeya y abasida. El imperio fue perdiendo Siria, Egipto, Anatolia, hasta su agonía final en 1453, con la trágica caída de Constantinopla ante los turcos. A pesar del paso de los siglos, la valentía de Belisario y las obras civiles de Justiniano nunca se apagarán, dos genios unidos por la gloria de Bizancio.

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