"Detrás de cada Manifestación hay una inconmensurable Fuente"

Desencarnación

¿Qué sucede cuando morimos?

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La vida y la muerte son hechos sagrados que la conciencia viajera utiliza para poder integrarse en distintos mundos y, por ende, en diferentes razas cósmicas. Esta conciencia viajera siempre es eterna, tan solo muda de vehículo, pero siempre, siempre, vuelve al Origen.

E

l miedo a la muerte acecha a los seres humanos, y no solo el miedo a la desaparición de nuestros seres más queridos, sino a la propia. En ocasiones, se preguntarán ¿cuándo nos va ha llegar? Como investigadora y escritora, uno de mis anhelos más profundos, es cómo poder mostrar al lector que la muerte es un puente hacia otro estado del Ser. El individuo transita entre dimensiones y precisamente las más sutiles son las que se escapan al ojo humano. Todo es vida pero en distintas proyecciones, por ello si entendemos el principio básico del universo, comprenderemos que todo es energía y por lo tanto ella ni nace, ni muere.

El ser humano es una entidad energética y cósmica que experimenta. Y por lo tanto se encarna en diversas civilizaciones, mudando de vehículo cuando acaba su experiencia y volviendo de nuevo a otro para seguir su viaje hacia un conocimiento o entendimiento mayor.

[…] En la época anterior al siglo XVIII, la vida y la muerte eran parte de un todo, se convivía con la muerte, dándole “vida” y sentido. Los seres humanos de aquella época embellecían sus vidas para tener una muerte digna. Convivían con y entre los muertos, naturalizando ese tránsito. En cambio, después, la vida se disoció de la muerte, a tal punto que aquellos lazos se rompieron, relegando a la muerte a un punto oscuro y siniestro. La muerte ya no era protagonista ni convivía entre los quehaceres diarios de los hombres.

Se alentó, en definitiva, a transitar la vida con el constante miedo a la desconocida muerte […] Extracto Desencarnación, el regreso al Origen Cósmico, Editorial Kier, Autora Anael

“Esta vida de la que la muerte es alejada a prudente distancia nos parece menos enamorada de las cosas y de los seres que aquella otra, cuyo centro era la muerte” (Philippe Ariés, historiador del siglo XX).

[…]Todos debemos recordar que somos esa luz incandescente del universo, con inteligencia y sabiduría propia, y que a través de nuestro cuerpo, podemos expresar lo que somos en la Tierra. El cuerpo no tapa, no cubre nuestra divinidad, el cuerpo nos representa […]

La Conciencia no tiene dolor, ni sufrimiento; no tiene máscaras ni culpas. Y si el ser humano se liberara de todo conflicto diario y de su ruido interno, si fuera capaz de conectar con su propia esencia sin pedir soluciones a los demás, cruzaría un umbral. Si el ser humano pudiera humanizarse, sentir su piel y su divinidad, sus manos constructoras y su mirada pura; si lograra observar con los ojos de un niño, traspasaría una dimensión donde la comprensión permearía su campo energético, deteniendo por siempre el miedo y el sufrimiento.

A lo largo de nuestra vida, hemos compartido y vivido de cerca la desencarnación de seres muy queridos, y este hecho ha sido el detonante –en muchos casos– de una búsqueda más profunda de lo que en verdad significan la vida y el propósito de nuestra existencia. Pero, en realidad, la muerte no es un hecho aislado de la vida, así como la vida no se separa de la muerte. Comprender la muerte es aliarse a la vida y aliarse a ella significa Existir. Porque muerte significa desencarnar de un cuerpo biológico, para seguir existiendo en otro molde mucho más sutil.

 

 

 

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