La sinfonía de la Vida

El sonido como enlace divino

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El Origen de la música es tan antiguo como la propia existencia del Universo. Todo es movimiento en el firmamento y esta corriente cósmica genera ondas, cuya vibración sutil será la creadora del primer sonido. Y si todo lo que existe es vibración, entonces cada frecuencia entona un sonido único y esencial; en consecuencia, la vinculación y sinergia de cada frecuencia formará la gran sinfonía de la vida.

El Sonido es imprescindible para nuestro universo individual y colectivo, sin él sería imposible el intercambio cultural y esencial de toda vida; porque todo es sonido.

La naturaleza emite resonancias que crean música, por ejemplo, nos encontramos con el sonido que emiten los estados del viento, de la lluvia y de las aguas, de sus bellos océanos e incluso si nos adentramos en lo profundo de ella, podemos permearnos del eco de sus bosques y selvas.

Escuchar los cantares más recónditos de sus entrañas, habilita el esplendor en nuestros sentidos más insondables; los robles, sauces y eucaliptos; las aves, zorros y alces; son ejemplos de una flora y fauna en perfecta convivencia, porque todos se comunican a través del sonido, que es el idioma primigenio y universal.

El ser humano emite su propio sonido, no solamente al hablar, sino al moverse. El cuerpo biológico está en continuo movimiento dentro de su universo celular, esta energía emite una vibración y por ende un sonido propio, inapreciable para el oído humano, pero no para la sabia naturaleza y su microcosmos.

Hoy en día hay más consciencia de lo importante que es darle existencia al sonido, no solo como música, sino como vibración que nos identifica, que nos une y transforma. Porque el sonido es conectar con la partícula divina de Dios, o de la fuente cósmica.

Por ello a lo largo de la historia, la humanidad ha intentado enlazar los sonidos quizás en esa búsqueda incipiente de sentir la propia divinidad.

“En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad”  Arthur Schopenhauer (1788-1860)

En Egipto la música estaba omnipresente, tanto en los cultivos, como en ceremonias religiosas o militares. En Grecia, se convirtió en un arte y una disciplina, un don de los dioses y eje fundamental de la educación. De estrecha vinculación con la poesía y la recitación, era apreciada por todos los sabios de la época, como Sócrates, Aristóteles o Pitágoras, quien subrayó que, la música era el alimento del alma y la base de su armonía.

Durante la Edad Media, en su etapa inicial, la música queda restringida a la liturgia cristiana y las iglesias románicas. Posteriormente el siglo XIII marcó un punto de inflexión, con la consolidación de los ámbitos no religiosos y el surgimiento de la escuela de Notre Dame y, la polifonía. La música quedó fuera de la esfera eclesiástica, pudiendo avanzar hacia otros escenarios.  Entre los siglos XIV y XV, se impone el Ars Nova con nuevos tipos musicales llegados de Italia y Francia. Es la época del Renacimiento.

Llegados al Barroco del siglo XVII, la humanidad se encuentra en una época de fuerte crisis social y económica, pero de enorme esplendor en la música, precisamente la convulsión social generó una búsqueda entre el dolor y lo divino, una conexión del mundo celeste, así pues, surge en Italia y se expande por España, Francia, y Alemania entre otros.  La música adquiere más complejidad de la mano de cromatismos, los bajos continuos, alcanzando su madurez con la ópera, la cantata, la sonata y la suite.

Ya en la primera mitad del siglo XVIII (el Barroco tardío) de la mano de compositores inmortales como Vivaldi, Bach y Händel, desplazan el centro gravitacional de la música de Italia a Centroeuropa. Desde 1750, se consolida el Clasicismo, con un estilo menos recargado, buscando más el equilibrio en sus vidas y trasladándolo a las melodías, que Mozart, Beethoven, o Haydn materializan a la perfección.

En el siglo XIX, la música se ve influida por el Romanticismo, incorporar la expresión y la magia de las emociones, con la recuperación de estilos anteriores. La ópera sufre intentos innovadores y modernizadores. Destacan Berlioz, Mendelssohn, Rossini o Wagner y maestros como Chopin y Brahms en el piano.

“La música compone los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu”

Miguel de Cervantes (1547-1616)

A finales del siglo XIX el ser humano busca liberarse progresivamente de las estructuras y se prueban nuevos instrumentos para ello. Generan nuevas combinaciones del sonido, los tiempos dejan de ser lineales en las composiciones, es como si quisieran salir de la tercera dimensión, para pasar a la cuarta y sintonizar con la geometría de la esfera. En esta frecuencia cósmica, el sonido simboliza la intuición, acompañando al individuo a una conexión más directa con la fuente cósmica. El Impresionismo abrirá el paso al modernismo y las vanguardias de principios del siglo XX.

Hoy, la música ha dado un giro metafísico, podríamos llamarlo multidimensional. Se incorpora el sonido de la naturaleza, de los cristales y de la multitud de formas que adquieren las cuerdas vocales del ser humano, cuyas escalas se convierten en los peldaños de una mágica escalera, como la de Jacob y, enlazan con lo supremo, con el alma y el espíritu.

Se incorporan instrumentos virtuales que cada vez se asemejan más a sonidos cósmicos e intergalácticos, porque la humanidad de hoy es consciente de su Origen en el universo y de su forma de expresarlo o de materializarlo, reflejando su sonido interno y externo hacia ese tejido.

Imitar el movimiento del universo es el reto para estos tiempos, quizás con el sonido que emite una palabra, quizás con el sonido celular que emite una franca sonrisa. Podemos retomar la espiral de la vida y sus múltiples formas de emitir “la sinfonía de la vida”, aunque sea por un instante.

 

 

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