Tandil

Magnetismo entre las sierras

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Destino obligado para los que gustan de descubrir la provincia de Buenos Aires. Esta ciudad tiene una magnifica oferta gastronómica, abundante patrimonio histórico y eclesiástico, rodeada de las bellas sierras de Tandilia, llenas de lugares para explorar y visitar.

Entre campos verdes y cabezas de ganado, aparecen en el horizonte lomas lejanas. Son cerros, primero más agrestes y más tarde cubiertos de bosques. En medio de estas colinas y promontorios rocosos se recuesta la población de Tandil, famosa por ser un polo religioso y de deliciosos fiambres. Pero con mucho más para descubrir y explorar. La ciudad fue fundada en 1823 por el brigadier Martín Rodríguez, en épocas en que el colono disputaba la tierra a los indios y Tandil era un fuerte en la frontera del Desierto. El origen del nombre de la ciudad no está claro, pero podría estar relacionado con el nombre de un cacique. Después de la derrota indígena, comenzaron a llegar inmigrantes, que fueron forjando el carácter de la nueva ciudad.

Su centro neurálgico se encuentra en la Plaza Independencia, donde se alzan los principales edificios. La Catedral del siglo XIX, con sus características cúpulas semejantes a capuchones. Destaca su bellísima Municipalidad de estilo afrancesado, un gran palacio construido entre 1913 y 1920 con materiales nobles, con un interior impresionante: columnas, vitreux, esculturas y una imponente escalera de piedra con copones y gruesos pasamanos. Impresiona su Salón Blanco, construido imitando los salones del siglo XVII de Europa, con boiseries, esplendidas arañas, pisos de parquet de Hungría y espejos.

Plaza de la Independencia, Tandil

La ciudad es una mezcla de estilos y de distintas épocas, como un collage arquitectónico. Esta por ejemplo el Art Decó, presente en edificios como la Escuela Manuel Belgrano, construido en 1913, mucho antes de que este estilo lograra popularizarse. El racionalismo del ACA de los años 40, cuando primaba la poca decoración y el funcionalismo. O el estilo afrancesado de principios del siglo pasado con exponentes como el bellísimo Palacio Manochi o el ex Banco Hipotecario, construido en solo dos años.

Castillo Morisco. Parque Independencia

Otra visita obligada es alejarse del centro y ascender por alguna de las colinas que rodean la villa. Una de estas es la que forma parte del Parque Independencia, en cuya entrada se construyó una portada de estilo neorrenacentista, donada por la colectividad italiana, y en lo alto de la colina, el castillo morisco donado por la otra colectividad imperante, la española. Ambas colectividades de inmigrantes quisieron dejar su huella en este rincón de la ciudad, con razón, ya que es el mirador natural de la misma. Allí, se encuentra también una estatua ecuestre en honor al fundador de la ciudad que observa la ciudad con semblante sereno. A los pies de este cerro se encuentra el llamado Lago del Fuerte, resultante de la construcción de un embalse para evitar las inundaciones.

Otro lugar imprescindible es el símbolo de la ciudad: la piedra Movediza, que se encontraba en un precario equilibrio y generaba gran admiración. Sin embargo, en 1912 se cayó por causas que se discuten, y terminó partida en trozos, hasta que en 2007 se colocó una réplica para alegría de los turistas, siempre deseosos de hacerse fotos con el icono de cada lugar. También, en otro de sus cerros, Tandil posee el Monte Calvario, con un camino que imita al que recorrió Jesús hasta su crucifixión, con las 14 estaciones del Vía Crucis. Esta coronada por una cruz de gran tamaño.

Pero más allá de los lugares turísticos, la ciudad tiene una atmósfera particular, ese aire de villa tranquila. El centro, con agradables calles empedradas y edificios bajos de principios de siglo XX, nos trae recuerdos de otras épocas y de la tranquilidad de las poblaciones del campo, mezclado con las emblemáticas construcciones de la Plaza central. Para los que gusten de caminar, es importante remarcar que las calles son más largas de lo corriente, ya que se diagramaron con 130 metros por cuadra, en vez de los tradicionales 100 metros. Una bromita de los urbanistas de Tandil.

Portal neorrenacentista, donado por la colectividad italiana.

Sembrada de sus colinas boscosas, como centinelas rocosos, la ciudad tiene en estos lugares sus principales atractivos. Estos cerros le dan a la población un aire montañés y su magia. Hay quienes le atribuyen, a estas elevaciones naturales, propiedades magnéticas e incluso existe el llamado “Camino Misterioso” donde el camino cae en pendiente. Pero si se deja el coche en punto muerto, en vez de descender, el auto asciende. Esto aún no ha sido comprobado, pero sería producto de una ilusión óptica, ya que al no haber en la zona referencias de horizonte, lo que parece que asciende, en realidad está bajando.

Otro tema a destacar es el de la preeminencia de las logias masónicas en esta ciudad. Surge ya en 1870, con la creación de la Sociedad Filantrópica La Caridad y formalmente en 1872 nace la Logia Estrella del Sud. Estuvieron muy vinculadas a las mutuales italiana y española, y tuvieron un importante papel en la creación del Hospital Santamarina de Tandil y de distintos nosocomios, teniendo como principal caballito de batalla la salud pública. Siempre activas, en constante conflicto con la iglesia de la población e impulsoras del Liberalismo, en 1919 José A. Cabral crea el diario regional Nueva Era, que funciona hasta hoy en día.

Más allá de estas curiosidades, siempre es bueno pasear bajo estos árboles, oxigenarse y sentarse en las rocas para disfrutar del entorno y de las propiedades energéticas de estos inmensos trozos de piedra natural. Allí donde la tierra parece encresparse en colinas y emergen los cimientos rocosos de la Tierra, como Tandil, merece la pena demorarse y perderse un tiempo para descubrir sus secretos.

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