El Señor de los Anillos

¿Ciencia Ficción o Mundos que existen?

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J.R.R. Tolkien fue un escritor sudafricano, del siglo XX. Filólogo, se interesó por el nacimiento de la lengua inglesa, el folclore y las épocas medievales, en las que florecían los mitos y leyendas. Y partiendo de una creatividad inagotable comenzó a desarrollar su propia mitología, leyendas e historias de un mundo imaginario: la Tierra Media. Y así, a mediados del siglo pasado, desarrolló tres novelas magistrales de inmensa profundidad y dedicación: La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y el Retorno del Rey. Esta trilogía es de lectura obligada por muchos aspectos.

Por un lado, estos tres libros son la piedra basal de la literatura fantástica de todos los tiempos. En ellos aparecen los grandes personajes de toda novela de este género: el héroe humilde obligado a una misión por el triunfo del bien; el mago sabio y colérico; el o los antagonistas malvados que intentan apoderarse del mundo; elfos, enanos, trolls,… Y por supuesto, el objeto maligno, en este caso en Anillo, que explica la misión y los peligros a los que debe enfrentarse el héroe. A pesar de la considerable extensión de la obra, en ningún momento se pierde tensión narrativa.

El autor crea todo un mundo nuevo, haciendo gala de una capacidad imaginativa muy vasta. Desde plantas y animales hasta los propios personajes, culturas, costumbres, todo un ecosistema fantástico que resulta creíble, de gran profundidad y totalmente engrasado. Junto con sus otros libros, el autor crea todo un legendarium, su propia cosmogonía. Tolkien nos coloca en un espacio que gracias a sus ricas descripciones podemos ver, oler, sentir y que se va abriendo ante los ojos maravillados del lector. El autor nos hace viajar y soñar despiertos.

Y las enseñanzas de estos libros siempre están vigentes. La codicia, el ansia de poder que corrompe a las personas, el orgullo frente a la valentía, el amor, la humildad y el perdón. Los valores que se transmiten y que deben ser reivindicados. Y también nos hablan del poder ilimitado de la mente, de la imaginación, de ese mundo al que todos nos gusta escapar de vez en cuando, de lo hermoso que tiene lo onírico,… De nuestras Tierras Medias personales, nuestro santuario que no es otro que nuestro mundo interior.

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